En algunas de mis excursiones fotográficas no hago ni una foto, o como en este caso, solo un par. Habitualmente no responde a un acto de vagancia, sino que las condiciones atmosféricas, y la creatividad de esos días por estar las musas desaparecidas :), lo ponen muy difícil. El viento en los bordes de los acantilados es probablemente lo más peligroso para el equipo fotográfico (y también para uno), y ya son dos las ocasiones que he tenido que coger el trípode y la cámara por una de sus patas ya volando. No estoy exagerando. Esto no representa un mérito para la foto obtenida, pero sin duda alguna si que lo es para las vivencias y recuerdos posteriores.
Os aconsejo pinchar sobre la foto para verla a mayor resolución en otra pestaña y después F11 si queréis verla a pantalla completa.

