Mientras comíamos ya bien entrada la tarde frente a este maravilloso escenario, disfrutábamos de las luces y las sombras que iban y venían al tiempo que la tormenta se preparaba para descargar agua como si no hubiera un mañana. Ciertamente tenía razón el filósofo griego Epicuro cuando decía, «no es lo que tenemos, sino lo que disfrutamos lo que constituye nuestra abundancia».
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